8/01/2006

Cabañuelas

Para averiguar si helará en noviembre o cuánto lloverá en marzo, los agricultores estudian el cielo los trece primeros días de agosto. Del mismo modo, los economistas analizan los datos bursátiles de las cinco primeras jornadas de enero para predecir si el año nuevo traerá beneficios o, por el contrario, habrá recesión.

Son técnicas útiles, que aciertan un porcentaje alto de ocasiones, pero les falta precisión. Los dos métodos fallan porque basan sus predicciones en los datos equivocados; mejor harían los economistas en escrutar el cielo en los días de verano, y los agricultores en leer el Wall Street Journal. Y es que ni unos ni otros se han dado cuenta de que cuando el 12 de agosto se desata una gran tormenta sobre Marsella es señal de que las exportaciones caerán en el cuarto trimestre, mientras que si el índice Nikkei baja cuatro días seguidos a principios de noviembre quiere decir que la primavera este año llegará temprano.

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